El escándalo provocado por el presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski al indultar al ex presidente Alberto Fujimori, quien cumplía condena de 25 años por delitos de lesa humanidad, amenaza con acelerar lo que pretendía evitar cuando fue interpelado por el congreso de su país.

La decisión provocó dos renuncias de ministros, y dos legisladores decidieron abandonar el bloque que respalda al presidente.

En buen dominicano, a Kuczynski  le saldrá más cara la sal que el chivo al asirse a un desesperado acuerdo que le endosó 10 votos a favor de la no destitución de parte de diputados fujimoristas.

La acción demostró que el presidente se maneja con torpeza en las lides políticas. Los analistas políticos peruanos aseguran que  debió esperar otro momento para hacer pública la decisión de enviar a su casa al tirano ex presidente y no develar una negociación de aposento que tiene crispada a buena parte de la sociedad peruana.

Aunque logró evadir su destitución, el pasado jueves Kuczynski fue interrogado durante cuatro horas por un equipo de fiscales anticorrupción encabezado por Hamilton Castro, encargado de las investigaciones del caso Odebrecht en el país.

El primer mandatario los recibió en el Palacio de Gobierno de Lima, donde respondió, en condición de testigo, por la información de que una empresa suya ofreció consultorías a Odebrecht entre 2004 y 2007, cuando era ministro del Gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006).

Fue por este caso que un sector de la oposición en el Congreso presentó el pedido de destitución del gobernante, pero el mismo fue archivado el jueves.

Aún así los aprestos para retomar el proceso de vacancia presidencial o crisis presidencial, se acrecientan más, sobre todo ahora cuando gente del  entorno de Kuczynski se suma al pedido de la oposición. (José Antonio Aybar F./El Nacional).

 

 

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