Editorial: El país de las marrullas

(Editorial del periódico El Día)

Nos resulta más fácil arremeter contra políticos, porque son figuras más expuestas al escrutinio y porque han desarrollado una capacidad de aguante a las críticas superior a otros tipos de ciudadanos.

Pero la mayor parte del proceder criticable de los políticos se replica en casi todos los sectores de la sociedad dominicana.

Basta con señalar que uno de los problemas más preocupantes de la corrupción es la enorme fila de los que quieren ser corruptos y lucrarse a costa de los bienes públicos o de hacer negocios espúreos con el Estado.

Una de las patas más firmes del clientelismo son los ciudadanos que le exigen al político prebendas a cambio de apoyo o del voto. Ese clientelismo no solo se da en los partidos o con los políticos, pues en cualquier proceso de organización social, económica, profesional o comunitaria se hace presente ese fenómeno.

La intención de alterar resultados en procesos electorales no solo es propia de aquellos en que participan políticos, lo vemos en cualquier actividad y se prestan a chanchullos hasta personas que alguna vez se creían honorables.

Basta con ver a cualquier “comisión electoral” interpretando “la intencionalidad” de un voto nulo por doble rayado solo para intentar beneficiar al bando de su preferencia.

Esa vocación marrullera se expresa en todos los sectores sociales, en los gremios profesionales, en organizaciones comunitarias, juntas de vecinos, agrupaciones empresariales, sindicatos, juntas directivas de fundaciones y hasta en entidades religiosas.

Se le critica a los políticos los comportamientos que los otros sectores sociales replican en sus ámbitos.

Si de verdad queremos adecentar e institucionalizar al país hay que tirarles la mirada a todos los sectores, no solo a los políticos.

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