Punta Cana. Aunque su paseo por el pop lo encumbró entre las voces de más prestigio de los 90, la consanguinidad de Alejandro Fernández, sin ningún tipo de discusión, es con la ranchera.

El aventajado Potrillo de México, hijo del último charro, Vicente Fernández, lo sabe muy bien y por eso retorna a sus orígenes en el próximo disco que verá luz en el 2020.

Mientras llega, se pasea con su álbum “Rompiendo fronteras”, que también da nombre al tour con el que recaló el pasado sábado en Hard Rock Hotel & Casino, bajo la producción de Saymon Díaz.

Enfundado en chaqueta mamey, con tshirt y pantalón negros, el artista inició a las 10:00 de la noche un recorrido en el que la euforia del público que copó el salón Fillmore no dio tregua durante las dos horas y media que permaneció en el escenario.

Con En lo correcto, de su nuevo disco, marcó terreno y fue el intro para pasearse por su repertorio en compañía de un público que se abrazó a él en las ¡40 canciones! que retumbaron hasta las 12:30 de la medianoche en un salón totalmente lleno.

25 canciones popularizadas por él, 10 con las cuales recordó a su padre; un homenaje a José José con dos de sus éxitos, dos del cancionero popular mexicano y por supuesto, Puño de tierra, la única probadita de su nueva producción discográfica.

“Es un verdadero placer estar aquí en mi linda República Dominicana, muchas gracias por acompañarme. Siempre he presumido que Santo Domingo fue el primer país que me abrió las puertas internacionalmente y le tengo un cariño impresionante y realmente importante dentro de mi corazón. Espero que pasen una noche increíble, porque tenemos muchas cosas que contarnos y que cantarnos”, fueron las primeras palabras del artista para continuar con la primera entrega del show.

Un recorrido por sus 25 años de trayectoria del que disparó a mansalva Estuve, Para sacarte de mi vida, Si tú supieras, No sé olvidar, Se me va la voz, Qué voy a hacer con mi amor, Qué lástima, Quiero que vuelvas, Hoy tengo ganas de ti, entre otras canciones.

El hijo mayor de Chente Fernández se pasea por el escenario a sus anchas, haciendo gala de una voz que mantiene intacta a pesar de que, además de los músicos, los tragos son su mejor compañía antes de despachar cada éxito.

Tras pasearse por el bolero y el pop deja con Huapango y Guadalajara a su grupo ya reforzado por mariachis que lo esperan para emprender un segundo viaje, el más disfrutado por la concurrencia, a través de las raíces mexicanas.

¡Ay Jalisco no te rajes! calienta los motores del viaje, y luego con Mátalas no tuvo que hacer mucho esfuerzo. El púbico se adueño de la misma y desde entonces todo fue complicidad, guiños, besos lanzados por el cantante descolocando a las féminas que le respondían con gritos y uno que otro piropo.

La gloria eres tú, Cascos ligeros, Loco, Si he sabido amor, Que digan misa, Ella, Es la mujer, Nube viajera, Tantita pena y llegó el acabose con el público de pie, interpretando Como quien pierde una estrella. Alejandro lo miraba, sonreía y dirigía el improvisado coro.

Con Yo lo sé que tú te vas, La diferencia y Te sigo amando, se suponía llegado el final, pero no. Solo fue el falso final.
Ante el pedido de ¡otro, otro, otro! regresó sin sombrero y sin corbatín para interpretar otros temas, entre ellos, Caballero.

A las 12:30, con el tema Puño de tierra, de su nuevo álbum de rancheras y abrazado a una bandera mexicana que le pasó un fanático, El Potrillo se despidió a pesar de la oposición de las más de 3 mil almas que aplaudieron, gritaron y cantaron sus canciones.

Homenaje a José José

Casi al final de su actuación Alejandro recordó a José José, de quien dijo fue su gran inspiración y de quien grabó dos de sus grandes éxitos: Vuelve a mí y Vamos a darnos tiempo, los cuales interpretó en compañía del público.

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