Santo Domingo. Recordamos los días de nuestra niñez en los que nuestra amada madre nos advertía: “cuidado con quién andas porque de sus acciones también tendrás que dar cuenta”.

Doña Consuelo, con esa sapiencia natural que desarrollan las mujeres y hombres de campo tenía una clarividencia prístina para saber quién sí y quién no.

Con el paso de los años hemos tenido que echar mano de esa frase que se quedó grabada en nuestra mente al momento de abrir la puerta de la amistad a gente que fue llegando a nuestro entorno, tanto personal, profesional, como familiar. Fuimos desarrollando una certera escogencia.

En todo el trayecto aprendimos a escoger a nuestros amigos, pocos, pero sinceros, pulcros, no santos, pero tampoco diablos. Aquí bien cabe la frase de “dime con quién andas y te diré quién eres”.

En ese escoger y dejar nunca nos equivocamos con la gente en la que depositamos y hemos depositado nuestra confianza, por eso no nos hemos sentido engañados cuando hemos visto el accionar de ciertos elementos con los que en algún momento compartimos escenarios, en los que estuvimos juntos, pero no “reburujaos”.

La vida te va colocando en lugares en los que te reúnes con personas a las que vas conociendo y con sus acciones te van delatando de lo que serían capaces. El ratón no cae en la trampa por hambre, si no por la ambición de tener más.

Hemos visto gente hambrienta de poder morder la mano que voluntariamente le dio de comer, pero también la mano a la que pidió sostén y apoyo cuando el mundo se le vino abajo. Esos son los especímenes más peligrosos.

El hambre de notoriedad, de dinero (no importa bajo cuales artimañas), hace a gente perder la humanidad y convertirse en los animales más traicioneros del orbe.

Viendo hechos recientes de gente que siempre supimos para lo que daban, porque en su vida nunca han hecho más que aprovechar momentos y circuntancias para saciar sus apetencias por tener, regresa a nosotros la frase de doña Consuelo, la cual hoy se hace más vigente que nunca, y con la frente en alto podemos decirle: “tuvimos cuidado de con quiénes anduvimos y por sus acciones hoy sí podemos dar cuenta”, pero de los otros, de esos, que den cuenta ellos.

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