PUERTO PLATA, La presentación este sábado de Pablo Milanés en el Anfiteatro Juan Lockward de La Puntilla, ha reactivado por lo bajo y sobre todo en las redes sociales, la ubicación exacta de su posición en la escala de importancia de la canción Nueva Trova Cubana.

Las redes sociales, todo un mundo mediático independiente, han difundido las inevitables comparaciones, pero al parecer la principal conclusión es de que se trata del principal intérprete y compositor de esa corriente musical –

Cuanto este hombre musicaliza, compone y canta, se transforma en un éxito y se transporta en la cultura musical colectiva en forma de títulos inolvidables: Yolanda, Yo no te pido, Para Vivir, Yo Pisaré Las Calles Nuevamente, Quien Me Tienda La Mano al Pasar, De qué Callada Manera, Amo Esta Isla, Cuanto Gané, Cuanto Perdí, El Breve Espacio en que no Estás, Mírame Bien y Pobre del Cantor. ¿Cuál de ellas no trae emociones y recuerdos a cada quién?

En Milanés concurren tres manifestaciones creativas: poesía, música e interpretación, esas que unidas, elevan el alma del público cuando se escucha: ““Si alguna vez me siento derrotado/ Renuncio a ver el sol cada mañana/ Rezando el credo que me has enseñado Miro tu cara y digo en la ventana». (Yolanda).

PABLO MILANES

Pero, competencias absurdas aparte, ¿es Milanés es el mejor cantante de la Nueva Trova Cubana? ¿Es mejor como creador de letras? ¿Es mejor músico que intérprete? Supera como cantante a todos los demás artistas de esa corriente que vinculó la realidad latinoamericana de injusticia, dolor y esperanzas, a la canción de autor?

Es que hay algo en sus canciones, por la poética penetrante de sus versos, por la fuerza de sus ideas, por la manera de definir y nombrar las tribulaciones, alegatos, alegrías y tristezas del amor. Es eso cuanto ocurre con Pablo Milanés.

A ello añade una forma de cantar que no hay forma de relacionarla con nada y que más de una vez se ha establecido que es el más vigoroso y tierno intérprete de la nueva canción cubana.

Milanés no necesita de una orquesta sinfónica, ni de un aparato de mercadeo que inunde los medios de contenidos producidos para alargar la lista de boletas vendidas.