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Independientes de qué

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Lo de ser independiente para ocupar puestos neurálgicos en un país como el nuestro tiene un tufillo a populismo que contraviene el sentido democrático para elegir y ser elegido.

En una media isla donde todos nos conocemos, las propuestas para escoger a los nuevos jueces de la Junta Central Electoral (JCE) deben estar supeditadas exclusivamente a que los aspirantes muestren una hoja de servicio intachable y transparente.

Desde las gradas escuchamos voces “independientes” azuzando el látigo panfletario contra ciudadanos de conductas puestas a toda prueba, cuyo único sambenito, podrían alegar, es profesar simpatías o participación directa en algún partido político.

Y la gente se pregunta, sin intención de que los de epidermis sensibles se ofendan ¿Son tan independientes las voces que desde cómodas oficinas de organizaciones “apolíticas” se oponen a que un simpatizante o militante de un partido opte por un cargo en la JCE.
¿Es real esa preocupación de que tengamos una JCE independiente? ¿Independiente de qué, o de quién?.

El pueblo, que no es tonto, ve con asombro cómo se cuestiona la honorabilidad de ciudadanos probos con la velada intención de descalificarlos ante una eventual escogencia.

Hay quienes aseguran que detrás de esa preocupación se planifica una argucia táctica para ir desplazando posibles miembros de órganos tan frágiles en el mantenimiento del orden democrático del país.

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