Santo Domingo. Agosto 2012. Recibo una llamada urgente del veterinario del Acuario Nacional, el doctor Francisco de la Rosa, quiere que le examine unos abscesos a un manatí. Tras mucho discutir voy al acuario.

Fue mi primer encuentro con esa criatura. Débil, poca respuesta a los estímulos, pocas semanas o días de nacida, deshidratada y menos de 1.10 mts. Al examinarla pasé súbito de dermatólogo a patólogo, y hacer medicina forense. 4 heridas en lomo y 3 en abdomen, todas infectadas, numerosas laceraciones, la evidencia estaba ahí, la habían tratado de apuñalar.

De lleno trabajamos y les enseñé el manejo de este tipo de heridas, me había traído un frasco de Violeta de Giemsiana y entre otras cosas, con ella le curamos. La pileta le quedaba grande y allí solita, nadaba pintada de morado.

Se le confeccionó una mamá de plástico, pero no funcionó, había que estimular al pequeño animalito varias veces al día.

La alimentación fue otro gran dilema. No había leche de manatí, ni tampoco nodriza. El veterinario descartó muchas formulaciones que le presentaron y se metió de lleno a investigar, mientras, se creaban fórmulas que eran administradas en grandes biberones cada 1 ½-2 horas.

Tras mucho buscar diseñó la receta, más del 70% era grasa y múltiples componentes, la base de leche, era traída desde Puerto Rico, la entonces directora, Lic Juana Calderón, no escatimó gastos para la manatí bebé.

Todos colaboraron, e incluso gracias al Instituto Dermatológico Dominicano, pudimos obtener una gran donación de materiales para la cura y hasta desarrollar una fórmula para manatí, que se adhería y no se desprendía en el agua.

Pero durante este tiempo fueron muchos sustos, no sabíamos si iba a sobrevivir y fueron muchos los que se presentaron al lugar a vaticinar el fracaso de nuestros intentos.

Así surge Juanita

En contra de todas esas negras predicciones Juanita empezó a ganar peso y alimentarse con ganas. Un riguroso protocolo de confección del alimento se realizaba cada 1 ½-2 horas, leche a determinada temperatura, mamila con un buen agujero, había que saber sostener al animal y sobre todo, no cambiar el sabor de la fórmula o lo rechazaba.

Y comenzaron a decirle Juanita y ese nombre registré en mis primeros informes. Juanita se quedó. Creció, glotona comía y así ganaba peso. Se le construyó una piscina nueva en el exterior, donde podía nadar más cómoda.

Noviembre 2012. El doctor De la Rosa me llama, apareció un nuevo manatí en el puerto de Haina ¿Que sexo es? macho, respondió, pues se llama Pepe, le dije. Me solicitó ir a examinar a Pepe.

Realicé el experticio de Pepe junto a la doctora Phamela Acosta, a quien le enseñé el tipo de heridas sufridas y el buen estado en que se conservaba el nuevo paciente y manejamos sus lesiones. Ni decir que quedó pintado de morado por la violeta, y que fue lo que le ayudó junto a las fórmulas magistrales del Instituto Dermatológico.

Ahora eran dos manatíes que había que alimentar, el personal del acuario estaba extenuado, por lo que el doctor De la Rosa convocó y solicitó ayuda de muchos voluntarios, acudieron estudiantes de veterinaria y otras personas, sólo dos se mantuvieron firmes por varios meses, Norma Van der Linde y Alejandra Alvárez.

Pepe también creció y también tuvo su piscina propia. A diferencia de Juanita se movía mucho y dejaba escurrir grandes cantidades de leche cuando le daban el biberón.

En el siguiente año ya poseían una nueva piscina de unos 10 metros y ambos nadaban juntos. Eran pareja. El tema de la alimentación fue mejorando, ya comían vegetales mezclados con algas, estas últimas se colocaban en el fondo. Un día, el mundo se viró, todo quedó al revés.

Las fiestas de carnaval de febrero, bullicio, escándalo y fuegos artificiales, franco estrés para los manatíes. Juanita no quería comer, no evacuaba y estaba enferma. Fue ingresado en cuidados intensivos por una angina inestable.

Entre sustos y sustos dirigí junto al personal el tratamiento de Juanita y lentamente vino la recuperación. Un video a las once de la noche nos mostró a Juanita devorando zanahorias y repollos. Había pasado lo peor.

En el 2015 estrenaron lo que por cinco años fue su hogar y también se abrió la exhibición al público. Un lugar aparentemente más amplio y más profundo que le permitió cierta libertad y nos permitió a nosotros un mejor manejo y observación y de paso, sensibilizar a numerosas personas de estas nobles criaturas.

Ese mismo año el doctor Alejandro Meneses, cardiólogo veterinario, realizó los primeros estudios cardiológicos hechos en nuestro país a un manatí.

Meneses descartó la presencia de ningún soplo y demostró la buena salud cardiológica de ambos animales. Fueron tema obligado en los Talleres de Protección Animal hechos por mi persona en el Acuario y visita obligada durante esta actividad, para de esta manera poder sensibilizar y educar. Durante unos ocho años, y sin recibir ninguna paga, me mantuve al lado de estos animales bajo el mando del de la Rosa.

Pero vivir en cautiverio no era una opción y el de la Rosa y otros profesionales del área opinaban igual, se imponía devolverlos a su entorno natural.

Llegó Lupe

En noviembre del 2018 llega Lupe, nombrada así por provenir de la bahía de Luperón. Lupe era el vástago de una madre muerta, que quedó atrapada y fue rescatada por los lugareños.

Tres manatíes ya. Lupe llegó ya crecidita y en muy buenas condiciones. La experiencia se impuso y su manejo fue fácil. Le tocó la piscina de 10 metros. La pandemia por Covid-19 trastocó los planes de liberación. Meses después, gracias al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y Fundemar la liberación es un hecho; nos tocó a los doctores Meneses, Eugenio Deschamps, y mi persona, evaluar la condición física de los tres manatíes. Todos pasaron las pruebas.

La liberación llegó. Esa noche, entre sustos y mucho corre, corre, el doctor de la Rosa contaba los kilómetros y el tiempo de llegada, la amplia caravana de una veintena de autos llegó al amanecer a una hermosa ensenada cerrada en Bayahibe donde hoy nadan con mayor libertad. No los hemos abandonado, hoy son hijos de Rita de Fundemar y el Ministerio de Medio Ambiente, pero sobre todo, son hijos de la Naturaleza.

Liberación

La liberación llegó. Una veintena de autos llegó al amanecer a una hermosa ensenada cerrada en Bayahibe donde hoy nadan con mayor libertad.

Entrega

Todo el personal del Acuario Nacional colaboraba y ayudaba en lo que fuese, ya que eran los hijos predilectos.

Todos los domingos el dr. de la Rosa y yo nos reuníamos, a veces junto a otros técnicos, para discutir los avances o los retos que se nos presentaban y redactábamos un informe, que era enviado a la dirección y que muchas veces contenía inusuales fotos.

Durante unos ocho años, y sin recibir ninguna paga, como voluntaria
entusiasta, me mantuve al lado de estos animales bajo el mando del dr. de la Rosa, ambos intercambiamos conocimientos y nos nutrimos científicamente.

Martha Miniño/Especial para Que Pasa

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