Santo Domingo. Las declaraciones del ministro de Turismo, David Collado, no son improvisadas ni meramente emocionales. Forman parte de una construcción discursiva con claros objetivos políticos en un contexto preelectoral dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Cuando Collado dice “no me confundan con un pendejo”, está enviando una señal en dos direcciones. Primero, es un mensaje de firmeza hacia dentro del partido, frente a sectores que podrían subestimarlo o intentar relegarlo en la competencia interna.

Segundo, hacia la opinión pública, buscando romper con la imagen tradicional del político excesivamente correcto y posicionarse como un líder con carácter, sin abandonar su narrativa de “decencia”.

Collado intenta diferenciarse de la política tradicional sin caer en el populismo agresivo, pero dejando claro que no es débil.

Su insistencia en la “coherencia” y en no mezclar funciones públicas con aspiraciones políticas cumple una función estratégica que refuerza su marca de gestor eficiente (heredada de su paso por la Alcaldía del DN).

También lo protege de críticas por uso de recursos del Estado y le permite mantenerse en campaña sin declararse formalmente candidato.

Es una narrativa clásica de “yo no estoy en política, estoy trabajando”, que en realidad funciona como plataforma preelectoral y cuando afirma que “las cosas, cuando están para una persona, están”, introduce un elemento simbólico, como el destino.

Ese tipo de discurso conecta con el imaginario popular dominicano, donde el éxito político muchas veces se percibe como una mezcla de trabajo, oportunidad y “designio”.

El punto más importante se establece en la competencia con Carolina Mejía, quien, a diferencia de Collado, ha optado por una estrategia más visible de posicionamiento territorial, apalancada además en el capital político de Hipólito Mejía.

La frase de Collado también puede leerse como una advertencia interna de que no subestimen su capacidad de competir, aunque no esté haciendo campaña tradicional.

Aunque, es justo decirlo, el uso de esta expresión coloquial tan fuerte tiene ventajas y riesgos. Primero, conecta con el ciudadano común, rompe la rigidez del lenguaje político y, segundo, puede percibirse como pérdida de compostura o contradicción con su imagen de “político correcto”.

Sin embargo, en el contexto dominicano actual, ese tipo de lenguaje suele ser más rentable que perjudicial si se maneja con control.

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Collado está en una fase clara de precandidatura no declarada, pero su discurso combina defensa de su gestión, señales de carácter y ambigüedad estratégica.

En términos políticos, no está reaccionando, está posicionándose. Y lo está haciendo con un mensaje directo al PRM y al país, con el que establece que puede ser el candidato de la eficiencia, pero también de la firmeza.

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Periodista, Locutor, Consultor RRPP, Productor radial. Editor periódico El Nacional.