Santo Domingo. El presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco enfrenta un dilema de cara al período electoral de 2028 que implica tomar una decisión estratégica que defina no solo su futuro político inmediato, sino también su capacidad de acumulación de poder dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
En esencia, Pacheco se debate entre la Secretaría General del partido o la candidatura a la Alcaldía del Distrito Nacional. Ambas opciones ofrecen visibilidad, pero difieren profundamente en términos de control político real.
La Secretaría General del PRM, en condiciones normales, sería una plataforma privilegiada para articular estructuras, disciplinar cuadros y proyectar liderazgo nacional, temas en los que Pacheco ha demostrado habilidades sustanciales.
Sin embargo, la reciente decisión interna del partido, que impide que el presidente y el secretario general ocupen cargos en el tren gubernamental, altera radicalmente esa ecuación.
En un sistema político como el dominicano, donde la gestión de recursos y la intermediación estatal son claves para la cohesión partidaria, renunciar al acceso directo al Estado implica una merma significativa en la capacidad de influencia.
De manera llama y clara, sin control de recursos, el poder orgánico se vuelve simbólico. Y en política, el simbolismo sin capacidad de respuesta concreta a las bases tiende a erosionarse rápidamente.
Ahí radica la disyuntiva. Pacheco, reconocido por su olfato negociador y su capacidad de aglutinar, entiende que la fortaleza de un liderazgo no descansa únicamente en la posición formal, sino en la capacidad de sostener redes de lealtad.
La Secretaría General, bajo las nuevas reglas, podría convertirse en una plataforma de alto perfil, pero de bajo rendimiento operativo.
En contraste, la Alcaldía del Distrito Nacional representa un espacio de poder ejecutivo tangible. Gobernar la capital no solo garantiza visibilidad permanente, sino también control de presupuesto, gestión territorial y contacto directo con la ciudadanía. Además de que ha sido una plataforma históricamente utilizada como trampolín hacia aspiraciones mayores.
Aunque, competir por la alcaldía implica someterse a un proceso interno potencialmente conflictivo dentro del PRM, además de enfrentar una plaza políticamente compleja, donde convergen intereses empresariales, sociales y partidarios de alto calibre.
Mientras Pacheco calibra sus movimientos, otros actores comienzan a ocupar el espacio de la indecisión. Desde el litoral “hipolitista” se impulsa la figura de Juan Garrigó Mejía para la Secretaría General, lo que sugiere que las corrientes internas del PRM no están dispuestas a esperar indefinidamente. En política los vacíos se llenan de inmediato.
Si Pacheco dilata demasiado su decisión, corre el riesgo de perder ambas oportunidades: la partidaria, por ocupación de otros liderazgos y la municipal, por desgaste o por la consolidación de competidores.
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Si apuesta por la Secretaría General deberá reinventar la forma de hacer política interna, apostando más a la construcción ideológica y a la cohesión organizativa que al tradicional clientelismo. Si opta por la Alcaldía, en cambio, jugará en el terreno de la gestión, donde los resultados concretos pueden traducirse en capital político acumulable.
En cualquier caso, su decisión tendrá implicaciones que trascienden su figura, como definir equilibrios internos, activar alianzas y reconfigurar la correlación de fuerzas dentro del PRM.
Porque, al final, no se trata solo de qué posición ocupar, sino de desde dónde se ejerce el poder, y con qué herramientas.
