José Rafael Sosa y Grisbell Medina (cronista invitada)

Comentar el musical Mariposas de Acero, requiere de información previa en torno a que ha ocurrido cuando se ha querido contar los acontecimientos en torno a Patria, Minerva y María Teresa.

La historia de las Hermanas Mirabal, por su trascendencia universal, se ha pretendido contar básicamente, desde una perspectiva exterior, resultando, sucesivamente, una y otra vez, una distorsión alejada de los hechos y divorciada de nuestra realidad, por lo cual esos intentos han sido censurados o criticados.

Así pasó con la película En el tiempo de las mariposas, producida por la actriz Salma Hayek, dirigida por Mariano Barroso, rodada en inglés y estrenada el 21 de octubre de 2001.

A pesar de estar basada en la novela de Julia Álvarez, resultó notorio el espacio entre la ficción relatada con la historia y el divorcio entre la idiosincrasia nacional y el prisma interpretativo de los hechos. No fue una versión asimilable. Para fines nacionales, En el tiempo de las mariposas, como película, fue golondrina que no hizo verano.

En el año 2.000, Mario Vargas Llosa, autor peruano/español, pone en circulación La fiesta del Chivo, logrando un rechazo casi absoluto por parte de sectores nacionales que se entendieron insultados por la relación de hechos, muy a pesar de que en la portada llevaba la definición de su género de ficción: novela.  Cierto que novela es ficción que puede tener parte de realidad, pero sin dudas que la visión que en general transmitió el autor peruano, desagradó a más de uno de los propios entrevistados y consultados dominicanos en el proceso previo a escribir su fiesta caprina

El 3 de marzo de 2006, se estrenó la versión fílmica de la novela de Vargas Llosa, dirigida por su sobrino, Luis Llosa, con la cual se reeditó el rechazo a la misma versión fílmica.

El desagrado en el autor de La fiesta del chivo fue tal que su presencia fue criticada en el país tras anunciarse como ganador del Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña, otorgado por el Ministerio de Cultura, en 2016.

En 2010, se produce un acercamiento mucho más sincero y auténtico, históricamente hablando, con el drama fílmico Trópico de Sangre, dirigido por Juan Deláncer, aun cuando – probablemente de forma injusta- la crítica no fue muy complaciente, entendemos nosotros que más por un rechazo a Deláncer, que a su obra.

Tras estos precedentes, es que se enmarca el estreno del musical Mariposas de Acero, que monta este fin de semana el director y productor Waddy Jáquez apoyado por un excelente equipo de producción y con talentos que, al parecer, han hecho la diferencia y elevado artísticamente el tema de las Mirabal, a otro nivel.

En algunos aniversarios del 25 de noviembre, se han llegado a montar un número de teatro musical en torno a ellas, pero sin el desarrollo suficiente para informar e inspirar en una escala digna del tema.

Eso es lo que se ha logrado ahora.

Judith Rodríguez en el montaje de Mariposas de Acero. FOTO SUMISTRADA POR LA PRODUCCION

Acá tenemos la visión crítica de Grisbell Medina:

Hacer teatro musical es un riesgo y una actitud artística veleidosa, que se puede prestar, dada la compleja cantidad de recursos escénicos en juego, a hacer historia o a protagonizar ridículos inolvidables.

Waddy Jáquez y Pablo García se atrevieron a contar esta historia nacional que trasciende el heroísmo y el martirio, como nunca antes se había hecho, y ahora, tras su primera función en el Teatro Nacional, a beneficio de la Fundación Hermanas Mirabal y el Museo Ojo de Agua en Salcedo, crucial como jamás se había logrado.

Este hombre de la escena logra el concurso de artistas y técnicos, la buena voluntad de quienes entendían que era un riesgo, asumir una historia así, con los rituales musicales de este tiempo, jugar con simbolismos que al final engarzan el ánimo del público y ha aportado a la historia del arte del teatro musical, una experiencia que se presenta ahora como referencial.

Una mirada cercana

Había emoción y expectativas altas flotando en el ambiente del Teatro Nacional. Al llegar, el público quedaba envuelto en la magia del símbolo. En el lobby, la venta de mariposas artesanales de jícara de coco y otros materiales (incluyendo dos libros en torno a la historia contada).

Inicia  la función con unos minutos pasados de la hora señalada y, luego de un discurso medidamente breve y soberanamente emotivo, a cargo de Manolito Mirabal, a nombre de la Fundación  Hermanas Mirabal, todo inicia:

Adalgisa Pantaleón, transformada en Dedé, con respeto y solemnidad desde el vestuario, maquillaje, peluquería y actitud, hace de narradora y será el hilo conductor, para dejar abierto un discurso escénico en el cual cada actor y actriz tendrá su momento de lucimiento.

Honny Estrella, como Patria, en una representación lo más exacta posible a la real del vestido negro con broche en garganta, desarrolla su parlamento observando la casa incendiada por la ira del tirano a la que deposito tanto amor desde sus jardines.

La ama de llaves de la casa de las Mirabal, Tonó, una de las heroínas de la historia y de las que menos espacio y prestigio reciben en las versiones oficiales, es una de las sorpresas en las cuales la historia hace salones con el arte de la gran escena.

Escenográficamente, Jáquez coordinó con su equipo para lograr la representación de muchas de las locaciones (la cárcel de La 40, La casa de las Mirabal y otros ambientes) a partir del uso de materiales modulares a los que se aplica proyección digital para definir los ámbitos a que se dedicaban. Buen recurso.

Musicalmente, lo magistral hizo coro con la perfección de la voces, los arreglos – a los que regularmente nadie presta atención a quienes los han logrado- Muchos talentos con voces magistrales, destacándose el uso de los códigos musicales de este tiempo: rap, merengue, salsa hip hop, para hacer una indescriptible conexión de los hechos relatados con una juventud que no los conocer y que es probable que ahora inicie un proceso de respeto

Un momento estelar fue el monólogo de Nashla Bogaert. como Minerva, con una trascendencia en sus textos y un final de abrazo colectivo con los demás talentos en torno a la bandera dominicana. Fue el momento para llorar retenido, para las lágrimas que no podrían ya ser detenidas. Emoción líquida medible.

El código musical (rap, salsa, hip hop, merengue) conecta con la juventud con los de hoy que no vivieron ese tiempo. Código de actualidad genera interés con mirada a la historia.

La sucesión de las escenas fue fluida, sin atropellar el ritmo o la esencia, dejando sentir una impecabilidad escénica que debía ser objeto de estudio, al menos, en las escuelas de teatro musical de América Latina.

Resalta  el inteligente manejo de diálogos al regodearse en el hablar del dominicano.

En fin, un espectáculo que es más que otro montaje de teatro musical: es historia respetada, viva y actual. Hay oportunidad de verlo aun en el Teatro Nacional. Ojalá se repita. Ojalá se pueda grabar y difundir posteriormente a quienes no pueden pagar esa boleta, que vale cada centavo.

Ficha técnica (Resumida)

Idea, producción y dirección: Waddy Jáquez

Director musical y producción: Waddy Jáquez y Pablo García

Producción ejecutiva: Frank Ceara, Yanira Ferry, Pablo García y Hony Estrella.

Productor Musical Asociado: Wilson Polanco Gnomiko

Directora vocal: Paola González

Coreógrafos: Pablo Pérez y Erik Guzmán

Diseño de Escenografía: Fidel López

Diseño de luces: Ernesto López

Regiduría de escena: Diana Valk