Santo Domingo. El avance acelerado de la inteligencia artificial (IA) está transformando industrias enteras, pero también está generando nuevos desafíos legales y éticos. Uno de los casos más recientes que ha captado la atención internacional es el de la actriz y modelo dominicana Francheska Pujols, cuyo nombre ha cobrado relevancia tras un reportaje publicado por el periódico estadounidense New York Post sobre una demanda relacionada con el uso de imágenes alteradas mediante inteligencia artificial.

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De acuerdo con la publicación, basada en documentos judiciales presentados en Nueva York, la demanda alega que fotografías originales de Pujols habrían sido utilizadas para crear nuevas imágenes publicitarias mediante herramientas de IA, generando escenas y poses que supuestamente nunca fueron autorizadas por la modelo.

El caso ha despertado el interés de expertos en tecnología, derecho digital y propiedad intelectual, quienes consideran que representa uno de los ejemplos más visibles de los riesgos asociados al uso de réplicas digitales en campañas comerciales.

La controversia se produce en un momento en que la inteligencia artificial generativa permite modificar, recrear e incluso generar imágenes hiperrealistas de personas con un nivel de precisión cada vez mayor.

Esta capacidad tecnológica ha abierto interrogantes sobre quién controla la identidad digital de una persona y hasta dónde pueden llegar las empresas en el uso de contenido generado por IA.

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Especialistas citados por el New York Post señalan que la industria publicitaria enfrenta una creciente presión para establecer mecanismos claros de consentimiento y transparencia cuando se utilizan herramientas de inteligencia artificial para crear contenidos comerciales basados en la imagen de individuos reales.

Asimismo, el caso coincide con la entrada en vigor de nuevas regulaciones en el estado de Nueva York destinadas a fortalecer la protección de modelos, actores y otros talentos frente al uso no autorizado de versiones digitales creadas mediante inteligencia artificial.

Para expertos en gobernanza tecnológica, el debate trasciende el ámbito artístico. Advierten que las mismas herramientas utilizadas para generar campañas publicitarias pueden ser empleadas para alterar imágenes de cualquier ciudadano, creando representaciones falsas capaces de afectar reputaciones, relaciones personales e incluso oportunidades laborales.

La situación ha convertido a la modelo Francheska Pujols en una figura involuntaria dentro de una discusión global sobre los límites de la inteligencia artificial, la protección de los derechos de imagen y la necesidad de marcos regulatorios que acompañen el desarrollo tecnológico sin vulnerar derechos fundamentales.

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A medida que la IA continúa expandiendo sus capacidades, casos como este podrían convertirse en precedentes clave para definir cómo se gestionarán en el futuro el consentimiento digital, la propiedad de la imagen personal y la responsabilidad de las empresas que utilizan tecnologías generativas en sus procesos creativos y comerciales.

El debate apenas comienza, pero ya plantea una pregunta central para la era de la inteligencia artificial: ¿quién tiene el control sobre nuestra identidad digital cuando una máquina puede recrearla casi a la perfección?

Artículo original publicado por New York Post aquí

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Periodista, Locutor, Consultor RRPP, Productor radial. Editor periódico El Nacional.