La comedia es músculo de la taquilla del cine y ese que garantiza impacto, presencia de público, ventas en boletería y risas. de las que quedan marcadas en la experiencia del cinéfilo. La comedia dominicana inició balbuceando caminos básicos
SANTO DOMINGO. El de la comedia dominicana es un trayecto largo y diferenciado. Es una ruta trabajada y tortuosa que ha dado tumbos, logrado éxitos y giros notables, desde el cine de humor básico y local hasta sus nuevas perspectivas. Y, en el caso de la dominicana, la comedia ha cursado un trayecto que merece disección y cuidado.
Es un proceso de años que, además de los perfiles singulares que aportaron Ángel Muñiz y José Enrique Pintor (Pinky), básicamente parte del chiste local y aprende a emplear los recursos y el lenguaje universal del cine con sus figuras precursoras. Aun cuando falta trayecto para ser una marca del cine de humor iberoamericano, el proceso tiene pasos firmes, aun cuando también tiene fallos y sitios viciados conocidos.

El próximo jueves 13 de agosto se estrena en cines la comedia de Yasser Michelén (Bougroup) Los rechazados 3: Operación espacial. Es una obra que, tal cual indica el crítico Rubén Peralta Rigaut, en el Listín Diario, el proceso de la trayectoria del quehacer de humor.
El crítico sostiene que la comedia que vuelve a dirigir Michelén es más amplia en su escala, reafirma la confianza en el director —todo un descubrimiento como tal— y ya tiene garantizada su entrada en 2027 en las plataformas internacionales de streaming.
El proyecto cuenta con un elenco actoral profesional y popular: Pepe Sierra, David Maler, Frank Perozo, Vicente Santos (profesionales) y la participación de El Napo, Haraka Kiko, Chimbala, Crismel White, Luinis Olaverría, con la participación especial de Omega El Fuerte, Martha Garcés Lorenzo (Martha Candela), Alexandra Hatcu, Bullin 47, Ariel Santana y la participación especial de Pedro Casals y Ramón Tolentino.
La sinopsis cuenta que en un futuro cercano, la humanidad enfrenta una crisis climática que amenaza con destruir la civilización. Cuando una poderosa inteligencia artificial concluye que la mejor forma de salvar el planeta es eliminar a los seres humanos, un grupo de improvisados héroes deberá viajar al espacio para impedirlo. Sin experiencia, sin entrenamiento y con más entusiasmo que preparación, Los Rechazados tendrán que demostrar que, a veces, los menos indicados son la última esperanza del mundo.
En 2025, Bougroup y José Ramón Alamá introdujeron Los rechazados: Operación Submarino (Yasser Michelén) y con guion de José Ramón Alamá y las actuaciones de Salvador Pérez Martínez, Fausto Mata, Manolo Ozuna, Frank Perozo, Hony Estrella, Vitaly Sánchez, El Nephew, Vicente Santos, Pepe Sierra, Ariel Santana, Pedro Casals, Santiago Matías, El Napo, Haraka Kiko, Gabi Desangles, Shailyn Sosa, Luinis Olaverría y Manolay. Era una comedia que trazaba nuevos parámetros.
El resultado fue la película dominicana con mayor impacto en taquilla, una buena recepción crítica y su inclusión en las parrillas de streaming de Star+.
Los rechazados representan una paradoja interesante. La película utiliza personajes, expresiones y comportamientos reconocibles para el público dominicano, pero los coloca dentro de una estructura de parodia de cine de acción, espionaje y geopolítica, con un nivel considerable del quehacer del cine. Es decir, el código cinematográfico es internacional y el ADN humorístico es dominicano.
Esa combinación resulta mucho más exportable. La crítica la describió como una comedia paródica de temática geopolítica internacional y destacó su ritmo y sus recursos técnicos. Y esa es precisamente la dirección, a juicio de críticos entendidos, que necesita tomar la comedia nacional.
Para noviembre se anuncia otra comedia, el blockbuster de Caribbean Cinemas Films, dirigido por Frank Perozo, La Esquina ‘tá en Candela, su la gran apuesta de final de año y tiempo navideño de Caribbean Films.
El tráiler deja sentir que se transitan los modos fílmicos populares que han entregado éxitos ya de taquilla sobre los enredos en un barrio, donde un chisme nunca se cuenta igual y desata un gran caos hasta saber la verdad. Elenco principal: Raymond Pozo, Miguel Céspedes, Fausto Mata y Aquiles Correa, con el aditivo del debut en cine de Martha Candela.
El de la comedia nacional es un trayecto largo con tres períodos, cada cual con características específicas:
1995 a 2012 – Primer período

- Nueva York: Por fin llegó Balbuena (Ángel Muñiz), que inicia el cine comercial masivo con atención a una estructura profesional afinada, su secuela Nue Yol 3: Bajo la marea, Perico ripiao, y Sanky Panky (José Enrique Pintor), que se ocupa de dar un segundo impulso artístico y comercial de personalidad propia.
La calidad técnica: pasó de ser un cine artesanal y dependiente de préstamos privados (Nueva York) a convertirse en una maquinaria industrial pulida (Lotomán), con altos estándares en dirección de fotografía, diseño de sonido y edición digital profesional.
En la primera etapa (excluyendo a Ángel Muñiz y a José Enrique Pintor, que son más densos en sus esquemas de dirección), la comedia funcionó fundamentalmente como una extensión del humor televisivo. El chiste, el personaje reconocible, el doble sentido, la caricatura social y las figuras populares constituían el principal combustible narrativo. La película era, con frecuencia, el vehículo para llevar a la pantalla grande una fórmula de humor que el público ya conocía.
Perico ripiao (Ángel Muñiz, 2003): Humor localista, con una onda creativa que estableció precedentes, fundamentado en el argot rural y el ingenio popular dominicano. Aclamada por la crítica local como una de las mejores comedias dominicanas, marcó una elevación en la calidad técnica, en la banda sonora y en la cohesión de guion. Ese modelo fue importante para crear público y sostener económicamente una industria naciente, pero también produjo una limitación: muchas comedias dominicanas parecían pensadas primero como espectáculos humorísticos y después como películas.

Pinky Pintor representa una de las vertientes más inquietas de aquella generación. Su trayectoria no se limita a la comedia comercial. Su aproximación permite observar una preocupación mayor por el contenido social y por la incorporación de actores de formación teatral.
Un ejemplo significativo es No hay más remedio, presentada como una comedia social, cuyo reparto incluía figuras de amplia trayectoria escénica como María Cristina Camilo, Salvador Pérez Martínez, Ángel Haché e Iván García, junto a actores de otras procedencias. Con Pintor aparece una de las claves del proceso: la comedia empieza a reivindicar el trabajo actoral como elemento cinematográfico y no solamente como vehículo para producir carcajadas.
Negocios son negocios, estrenada el 18 de noviembre del 2004 (Joppe de Bernardi), con la producción de Esteban Martín, Federico Braga y Javier Aybar, que marcaba el rumbo de la comedia comercial latinoamericana, experiencia que venía de la mano de su director y de Esteban Martín, contando con un elenco notable integrado por Irving Alberti Nuryn Sanlley Karina Larrauri, Luís José Germán, Cuquín Victoria, Ivonne Beras, Franklin Domínguez y Georgina Duluc , en un festival actoral que todavía hoy puede servir de modelo, sobre todo Cuquín Victoria, Sin que nadie lo proclamara, esa comedia estaba inaugurando carreras del cine dominicano. El público que la vio la disfrutó, Su objetivo era simple: proporcionar alegría al público y vender la boleta, Y lo logra.
Humberto «El Che» Castellanos, con Los locos también piensan, protagonizada por Luisito Martí y estrenada el 26 de enero de 2005, entregó una comedia convencional a iniciativa del propio Martí, procurando extender su presencia fílmica luego de las comedias con Ángel Muñiz, agregando algunos efectos de duplicación de personajes en una misma escena. Tuvo éxito mediano de taquilla, un humor localista y fue una de las pocas películas nacionales que apeló a la caricatura para hacer su cartel oficial, realizado por Cristian Hernández.
Archie López, quien atesoraba una exquisita experiencia fílmica haciendo comerciales para Panamericana, representa, quizás, con mayor claridad la profesionalización de la comedia comercial. La saga Lotoman demuestra su habilidad para organizar grandes repartos, utilizar personajes populares y convertir situaciones dominicanas en estructuras narrativas reconocibles.
Pero lo importante de Lotoman 2.0 no es solamente que sea una película de humor. Su ficha técnica registra dirección de fotografía, edición, sonido, producción y otros departamentos trabajando dentro de una estructura cinematográfica definida. Archie López entendió tempranamente que la comedia podía ser una industria, y no solamente una aventura artesanal.
Roberto Ángel Salcedo, con trayectoria profundamente vinculada a la televisión y al entretenimiento popular. Su cine aprovechó ese conocimiento de los mecanismos de comunicación masiva. Entre sus películas como director figuran Profe por accidente, Vamos de robo, Todo incluido, Mi suegra y yo, ¿Pa’ qué me casé?, El plan perfecto, Pobres millonarios y Jugando a bailar.
Muy rechazado por la crítica y adorado por el público popular, Salcedo ha sido víctima del irreconocimiento de su aporte: su aguda visión para comprender al espectador dominicano, sus códigos de humor y sus preferencias. Pero precisamente allí estuvo también su limitación artística: una parte importante de esa producción permaneció vinculada a fórmulas de televisión, personajes reconocibles, conflictos sentimentales, equívocos y situaciones sociales inmediatas.
Salcedo contribuyó enormemente a la consolidación del mercado, aunque no siempre a la ruptura estética con el modelo televisivo; creó un circuito industrial de trabajo en el cine que producía hasta tres proyectos por año, pagaba bien y a tiempo a sus talentos artísticos y técnicos y produjo un modelo redituable de emprendimiento en el cine.
Logró varios récords de taquilla, a pesar de la ojeriza de la crítica especializada, que le imputaba un humor básico, normado por su formación televisiva. Llegó a producir películas enteras en una tienda o un resort de playa a cambio de publicidad y patrocinio. Pero su aporte al desarrollo del cine en su tiempo es indudable.
Francisco «El Indio» Disla aporta otro elemento interesante: la formación cinematográfica. Graduado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en Artes Cinematográficas,
Disla comenzó trabajando en videoclips y producción audiovisual antes de pasar al largometraje. Dirigió El hoyo del diablo (2012), Un lío en dólares (2014), Dos policías en apuros (2016) y El fantasma de mi novia (2018). Su evolución permite observar el tránsito de una generación que aprendió haciendo televisión, publicidad y videoclips hacia otra que comenzó a pensar el cine desde la planificación visual, la fotografía, la producción y la narración cinematográfica.
La transformación más importante ocurre cuando la comedia comienza a desprenderse de la idea de que su condición dominicana depende exclusivamente del vocabulario, los barrios, el colmado, el doble sentido, el personaje del “tíguere”, el político corrupto, el policía torpe o la caricatura del pobre y del rico. Durante una etapa, esos elementos eran prácticamente obligatorios.
Lotoman 2.0 (Archie López, 2012) representa todavía una comedia de fuerte vocación popular, pero ya incorpora una producción más organizada, fotografía cinematográfica, edición profesional, dirección de arte, sonido y un reparto que combina actores de experiencia con figuras procedentes de la televisión y el humor.
La película fue incluso nominada en diversas categorías técnicas y artísticas de los Premios La Silla. Lo significativo es que el cine dominicano comenzaba a comprender que una comedia no tenía que renunciar a la factura cinematográfica para ser popular.
Una crítica publicada en el momento por Alfonso Quiñones en El Caribe describía precisamente ese modelo: recurrencia a clichés, conflictos entre ricos y pobres, amores imposibles, costumbres de programas televisivos y utilización de chistes locales. Pero la identidad dominicana de una película no tiene que descansar exclusivamente en el chiste local. Y aquí aparece la verdadera maduración. El humor comienza a ser una manera de contar una historia, no el objetivo exclusivo de la historia.
2012 a 2017 – Segundo período
Cuando inicia la vigencia de la Ley Nacional de Cine y se produce una irrupción masiva del género, mayormente influida por el aliento televisivo y el cine en su expresión básica para atraer boletería mediante la risa.
2013: El fenómeno crucial que marca la comedia es ¿Quién manda?, escrita por Daniel Aurelio y dirigida por Ronni Castillo, que introduce nuevos códigos (ya empleados en otras producciones internacionales de humor, como la lucha de los sexos, el rompimiento de la cuarta pared —recurso inicialmente teatral—) y que se favoreció por la extraordinaria química de sus dos protagonistas, Frank Perozo y Nashla Bogaert (Alex y Nathalie), que aún se toma como referencia principal de actuación. Tuvo un éxito de taquilla importante y la crítica se rindió a sus pies.
Alfonso Rodríguez, director dominicano con una amplísima filmografía y que en comedia produjo Yuniol (2007), Playball (2008), Al fin y al cabo (2009), Feo de día, lindo de noche (2012), Mi angelito favorito (2013) y Locas y atrapadas (2014), merece consideración aparte porque su aporte resulta fundamental en la construcción del camino del género, sobre todo por su constancia y sentido de innovación fílmica. Rodríguez es de los recursos humanos fundadores de nuestro cine en general y de la comedia en particular. Es un trabajador a toda prueba. Bocón cuando cree que tiene la razón. Y en buena parte de los casos, la tiene. Pero bajar un poco el ego, no le sobraría.
2018 a 2025 – Tercer período
Entre 2018 y 2025, la comedia dominicana experimentó una transformación que merece ser examinada más allá de la taquilla, con un cambio que no consiste únicamente en que las películas se vean mejor, sino que se produce una evolución perceptible en la escritura de los guiones, la construcción de personajes, la fotografía, el montaje, el sonido, la dirección de actores, la producción y, sobre todo, en la ambición temática.
A partir de finales de la década de 2010 y especialmente después de 2020, emerge una generación diferente.

Entre ellos sobresalen Frank Perozo, Yasser Michelén y Yoel Morales, además de otros realizadores que proceden de diferentes experiencias audiovisuales. No hacen el mismo tipo de comedia, pero comparten una característica: la aspiración a que la película funcione incluso cuando se elimina el chiste inmediato.
Frank Perozo, como director de cine, ha sido una de las grandes sorpresas de la industria, es particularmente interesante porque llega a la dirección después de una sólida experiencia como actor, lo cual modifica su relación con los intérpretes. Caribbean Cinemas apostó al talento de Perozo como director y los resultados indican que la presunción que se tuvo era justificada.
Su filmografía incluye: De tal palo, tal astilla (2026), El Heredero (2024); Perdiendo el Juicio (2024); Colao 2 (2023) – Secuela de su ópera prima; Teacher Mechy (2023); La Trampa (2022) – Comedia de acción, Flow Calle (2022); Los Leones (2019) – Secuela de Qué León; Qué León (2018) y Colao (2017) – Su debut como director (entre otras).
Perozo parece comprender que el actor necesita una situación dramática que defender, no simplemente una oportunidad para pronunciar un chiste. Ese cambio puede parecer pequeño, pero es fundamental. Perozo concibe que el actor no es únicamente un instrumento del guion humorístico para ser personaje.
Su evolución también resulta interesante por su participación en películas que mezclan comedia con otros géneros, algo que contribuye a romper la idea de que la comedia dominicana debe ser un género cerrado.

Yasser Michelén es sencillamente sorprendente. Nadie se imaginaba hace 8 años que este actor de reparto en comedias comerciales, se erigiría como un director de referencia latinoamericana. Él es un fenómeno de la dirección. Proveniente de una práctica como actor de cine y teatro, resulta una revelación.
Primero entrega La familia (2024), que combina comedia, suspenso y crimen. La propia ficha de Disney+ la clasifica dentro de esos tres géneros y la presenta como una película dirigida por Michelén, protagonizada por Manny Pérez, Frank Perozo, Tony Almont, Omega El Fuerte y Vicente Santos, entre otros proyectos que, de citarlos todos, se haría muy largo el cuento.
En Los rechazados: Operación Submarino (2025): Michelén da otro paso: utiliza la parodia y el humor para entrar en asuntos de dimensión internacional y geopolítica. La crítica destacó precisamente el ritmo, la escenografía y la utilización de recursos técnicos para elevar los valores de producción.
La película no depende únicamente del chiste dominicano. Hay una estructura de intriga: un hombre invierte sus ahorros en una empresa multinivel, su jefe desaparece y comienza una cadena de sospechas y conflictos.
Es bueno establecer que el ingreso de una película en Disney+ por sí mismo no proclama automáticamente una certificación de excelencia artística, aun cuando hay requerimientos cinematográficos con patrones que garantizan una facturación de cierta impecabilidad audiovisual.
Las plataformas adquieren contenidos por múltiples razones: mercado, derechos territoriales, potencial de audiencia, género, estrellas, duración, clasificación, posibilidades comerciales y estrategia de programación, pero sí demuestra que la película puede superar determinadas barreras de distribución internacional. La familia, dirigida por Yasser Michelén, aparece actualmente en el catálogo de Disney+ como comedia, suspenso y crimen.

Yoel Morales es un soplo de aire fresco. Es responsable de un replanteamiento del lenguaje del cine dominicano, con una experimentación que ha impactado tanto a nivel nacional como internacional.
Su obra Bachata del biónico es un experimento que se ha tomado como referencia de creatividad al vincular un humor inteligente de origen muy popular —enraizado en la subcultura del consumo de sustancias—, una selecta definición de personajes y una muy intuitiva selección del talento interpretativo. Es un cineasta, guionista, editor y realizador audiovisual dominicano, egresado de la Escuela de Cine de la UASD y perteneciente a una generación que ha contribuido a ampliar los lenguajes y las posibilidades temáticas del cine dominicano contemporáneo. Forma parte del colectivo audiovisual Mentes Fritas, desde donde ha desarrollado trabajos en cine, videoclips y otros formatos audiovisuales.
Su trayectoria resulta particularmente interesante porque se aparta de la fórmula de la comedia dominicana tradicional y apuesta por una cinematografía de mayor experimentación narrativa, humor absurdo, realismo social y exploración de personajes marginales o poco representados.
Morales pertenece a una generación de realizadores surgida en el contexto de expansión de la producción cinematográfica dominicana posterior a la promulgación de la Ley de Cine (108-10).
Su actividad inicial estuvo vinculada a la producción audiovisual y a la realización de videoclips antes de avanzar hacia el largometraje. En La bachata del biónico, por ejemplo, aparece acreditado no solo como director y coguionista, sino también como editor. El guion fue escrito conjuntamente con Cristian Mojica.
Su primer trabajo fue Azul magia, una experiencia de cine fantástico en el bosque, de bajo presupuesto en su realización, pero con ese encanto del cine inspirador realizado con gran destreza a pesar de las limitaciones de recursos. Caribbean Cinemas Productions se hizo consciente de su potencial y le ha dado ya dos oportunidades para ocupar la silla de director: Medias hermanas (2025) y Carlota, la más barrial (2024)
La evolución de la comedia puede entenderse mejor si se observa una línea imaginaria que incluye, entre otros hitos:
Nueva Yol – Perico Ripiao, Sanky Panky → Lotomán y secuelas → ¿Quién manda? → Qué León y secuela → Colao, Cuarencena → La familia → Los rechazados → Carlota, la más barrial, por solo citar algunas.
No se trata de decir que cada película sea necesariamente mejor que la anterior, sino de observar cómo cambia la concepción del humor cinematográfico.
En ¿Quién manda?, por ejemplo, la crítica ya identificaba en 2013 una comedia romántica que, aunque utilizaba una fórmula conocida, representaba una experimentación más definida con el género dentro del cine dominicano.
Una conclusión
La comedia dominicana entre 2012 y 2025 no puede evaluarse únicamente desde la perspectiva de si «hace reír» o si «llenó las salas». Su verdadero proceso de maduración está en otro lugar: la comedia dejó progresivamente de ser un producto construido alrededor del humorista para convertirse en una película construida alrededor de una historia.
Los pioneros de la generación de Pinky Pintor, Archie López, Roberto Ángel Salcedo y El Indio Disla contribuyeron decisivamente a formar el público, desarrollar el mercado, profesionalizar las producciones y demostrar que el dominicano estaba dispuesto a pagar por ver historias nacionales.
La generación posterior, representada entre otros por Frank Perozo, Yasser Michelén y Yoel Morales, recibe una industria diferente: mejores técnicos, mayor inversión, actores más preparados, un público más exigente y una audiencia acostumbrada a Netflix, Disney+, Max y otras plataformas.
Por eso su desafío también es diferente: ya no compiten solamente contra otra película dominicana.
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